martes, 21 de marzo de 2017

Emprender, ¿compete a toda la manada?





Cuando trabaja por cuenta ajena, allá por la primera década del s. XIX, el aburrimiento y la certeza (¿?) de un sueldo a final de mes eran las mayores "sensaciones" con respecto a mi trabajo que tenía. El trabajo me encantaba, sí, de hecho es a lo que me sigo dedicando ahora, pero uno no puede dejar de pensar que el espejismo de seguridad en el que vive corta de un modo u otro sus alas.

Con el paso a trabajar por cuenta propia descubrí qué significa realmente sentirse realizado profesionalmente. La posibilidad de organizar, además, horarios, vacaciones y vida familiar cuando se tienen niños pequeños es un auténtico lujo, aunque tu ordenador viaje contigo allá donde vayas, y lo de trabajar en el coche cuando voy de viaje, o desde una aldea asturiana se ha convertido en mi día a día de las vacaciones.

Y es que el autónomo (no digo ya el emprendedor) debe sacar tiempo de donde sea para avanzar, para no enfrentarse a la inseguridad que conlleva perder a un cliente por no cumplir con los plazos propuestos. Y habrá quien diga ¿y lo de conciliar?

Y esto me lleva a recordar la interesantísima ponencia que dio Antonio Rodríguez Furones durante las Jornadas Be Mum  & Dad 2017 en la que afirmaba que "conciliar no era trabajar menos,  sino que consistía en ser flexible". Una flexibilidad que nos lleva a muchos emprendedores a renunciar a vacaciones, fines de semana y puentes (Madrid estaba preciosa sin gente este último), a trabajar de noche para poder estar a las 17:00 en la puerta del cole recogiendo a los niños,o  a atender llamadas un domingo  a las 10 de la mañana.

Y ese desgaste, esa necesidad de tener que estar en todo no puede llevarse a cabo sin la ayuda de la manada (pareja, familia, amigos) que te apoyen en tu camino. Por que sí, ellos no son los culpables de tu situación ni tienen que ser responsables de darte cobertura siempre que la necesites, pero sin ellos el camino de los primeros años hasta que logras establecerte con cierta seguridad, se convierte en un travesía por el desierto.

Y el apoyo quizás no siempre debería ser "físico" y con ello me refiero a dar soporte cuando hay una reunión en horario de tarde (en mi caso), sino apoyo moral (cuando tienes alguna crisis con un cliente o por designios del destino un día, justo el que tu pareja tiene su partido semanal, hay un problema con un cliente), ese apoyo más sutil, que consiste en una palabra amable, en una "palmadita en la espalda" de vez en cuando, en valorar lo que se está consiguiendo (aunque sea poco o haya tardado en llegar) es la verdadera fuente de energía del emprendedor o autónomo.

Y a ti, ¿te apoya la manada?