miércoles, 30 de noviembre de 2016

Quiero emprender, pero... ¿en qué y cómo?





Pues aquí me hallo, sin saber casi ni cómo, delante del papel en blanco, queriendo escribir “mi primer post”. Y teniendo que dar alguna pista sobre cómo meterse en esto tan de moda ahora que es el emprender.

“¿Quién me mandaría…?” 

Pues nadie, Paloma, nadie. Como siempre fue tu empeño en querer ser útil el que te ha llevado hasta aquí.

Y bendito empeño. Viéndolo con perspectiva, ese ha sido un denominador común inconsciente siempre que he afrontado una tarea. Fue lo que me movió a involucrarme en este reto al que puedo llamar trabajo y que consiste, entre otras cosas, en escribir, una de mis aficiones más queridas. Así que tener un objetivo parece ser algo valioso en esto de emprender…

Hubo otro factor responsable en mi evolución hacia ser una “emprendedora posicionando su marca personal”. Y es que demasiadas veces me he arrepentido de no haberme postulado más vehementemente cuando han surgido bosquejos de oportunidades profesionales. No sé cuál fue el punto de inflexión, y cierto es que muchas veces fue causa de fuerza mayor el no poder hacer más, pero me harté de lamentarme y decidí que no volvería a perder un tren, al menos no por mi causa.

Cuando se quieren resultados diferentes, hay que utilizar métodos diferentes; en mi caso: decir que sí a todo, guardándome en un bolsillo la inseguridad en mis capacidades, interesarme por todo lo que se moviera a mi alrededor sin miedo a ser tildada de meticona, y contar más cosas sobre mí a todo el que se pusiera a tiro y quisiera escuchar.

En esas estaba cuando di con una empresaria valiente y ejemplar que me puso el azucarillo delante. Ella ha sido la que ha arriesgado apostando por mí. Y no sólo pone trabajo en mis manos sino que me muestra el camino. Me ayuda a ver que quiero y puedo emprender. Pero… ¿en qué? Pues teniendo un objetivo, estoy experimentando que el negocio concreto deja de ser primordial, porque todo aquello que lleve a conseguir el objetivo pasa a ser materia de emprendimiento. Por supuesto que hay estudios hechos sobre los nichos de mercado y cómo aprovecharlos. Son muy recomendables, sólo quiero hacer ver que no es ese el único camino.

Lo esencial para emprender son las ganas de trabajar (y, de hecho, el hacerlo duramente para que no se quede sólo en labia), el formarse a fondo en todos los campos imaginables (todo suma), y tener humildad para aprender de otros lo que uno no sabe, que en mi caso suele ser todo. Esto me transmiten y hacen sentir Mayte Galán, la brava emprendedora que me arrastra con su entusiasmo a participar en la organización de estas Jornadas junto con otras dos polifacéticas profesionales que hacen malabares con eso de la conciliación, Mar Calvo y Lidia Nieto. Me hacen ver que no sólo es emprendedor el que posee la idea, sino también aquellos que le acompañan en el camino hacia su materialización.

Así que, en resumen, para emprender no importa tanto el “en qué” como el “cómo”. Y que el "cómo" exitoso se basa en tres pilares:


  • tener humildad para, entre otras cosas, aprender sin parar,
  • tener bastante caradura para decir que sí y meterse en todos los charcos, y
  • tener claro el objetivo último que se anhela para focalizarlo cuando se flojea, así que…

¿Cuál es tu objetivo? ¡Ve a por él! Y…

¡EMPRENDE, QUE ALGO QUEDA!